2.-Al final, tristemente, se cumplieron las previsiones, que el perro no come carne de perro, y los sindicatos, por más que píen, no son sino políticos de tercera división.
Los sindicalistas, ávidos de poder y mamandurria, entregan la Caja a los políticos, y se avienen a echar al Presidente íntegro que ha sabido, como ninguno, mantener a raya la voracidad de Condesa y Vampirón, locos por entrar, a saco, cual Alí Babá, en las arcas de CajaMadrid, para financiar uno, la deuda mastodóntica a que nos han conducido sus demencias, y para intentar, la otra, utilizarla para sus, siempre, tórpidos fines.
El mantenimiento de la medida cautelar, posibilitaba la continuidad de un Blesa, tan malquerido por los políticos, como admirado por los Madrileños que, cuentacorrentistas, o no, valoramos a quién sea capaz de mantener alejados, del dinero, a los políticos.
Pero los sindicatos no defienden a trabajadores, ni jubilados, ni a las amas de casa, ni a los estudiantes, defienden liberados y apesebrados, que viven a costa de los trabajadores, y normalmente con intereses, tan espúreos, como los de los políticos.
Flaco favor han hecho.
Esperemos, al menos, la justicia de la memoria
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